Fertilización de pasturas: la clave para potenciar la producción de carne y leche en sistemas ganaderos de alta performance

FERTILIZAR Asociación Civil advirtió que una estrategia de nutrición balanceada permite estabilizar la producción de forraje, mejorar su calidad y transformar nutrientes en más kilos de carne y litros de leche. Diagnóstico y reposición adecuada, los ejes para sostener la competitividad ganadera.

La fertilización de pasturas se consolida como una de las herramientas de mayor impacto en la productividad y estabilidad de los sistemas ganaderos argentinos. Según informó FERTILIZAR Asociación Civil, una estrategia de nutrición balanceada permite capturar el potencial productivo de cada lote, estabilizar el volumen de forraje a lo largo del tiempo y mejorar su calidad nutricional, con efectos directos sobre la producción de carne y leche.

De acuerdo con datos relevados por la entidad, cerca del 25% de los productores no fertiliza nunca sus pasturas perennes y alrededor del 50% sólo lo hace en el año de implantación. Esta baja reposición de nutrientes compromete la persistencia de las pasturas y limita su capacidad productiva.

“Esta falta de reposición de nutrientes conspira contra la persistencia y el potencial productivo de las pasturas, generando sistemas pastoriles que se degradan más rápido de lo esperado y que producen muy por debajo de su capacidad”, afirmó Esteban Ciarlo, coordinador técnico de FERTILIZAR.

Desbalance nutricional y pérdida de productividad

La problemática no se limita a la baja adopción de tecnología. Investigaciones recientes (Sainz Rosas et al., 2025) evidencian pérdidas de nutrientes en distintas regiones del país asociadas a un desbalance entre extracción y reposición. Este fenómeno impacta de manera directa en la producción de forraje y se acentúa en sistemas con corte y extracción de pasto, donde la remoción de biomasa incrementa la pérdida de nutrientes como calcio (Ca), magnesio (Mg) y potasio (K).

Un suelo adecuadamente nutrido no sólo incrementa la producción de biomasa, sino que también mejora la eficiencia en el uso de recursos estratégicos como el agua y la radiación, además de favorecer una composición equilibrada de especies.

El rol estratégico de cada nutriente

En el manejo de la fertilización de pasturas, cada nutriente cumple una función específica:

  • Nitrógeno (N): Es el principal motor de la producción de biomasa, especialmente en gramíneas. Su disponibilidad determina la tasa de crecimiento, la velocidad de rebrote tras el pastoreo y el contenido proteico del forraje. En pasturas puras de gramíneas, verdeos o mezclas con baja proporción de leguminosas, el manejo del nitrógeno resulta determinante para alcanzar altos niveles de producción.
  • Fósforo (P): En muchas pasturas templadas de la Región Pampeana es el nutriente más limitante. Favorece el desarrollo radicular, el macollaje y la eficiencia en el uso de agua y radiación. Además, es clave para sostener la presencia de leguminosas, cuyo aporte biológico de nitrógeno constituye una fuente central de proteínas en la dieta animal. “El fósforo mejora la performance de las leguminosas que fijan el nitrógeno del aire y se transforman en la fuente de proteínas de la dieta de los animales”, explicó Ciarlo. Cuando el fósforo escasea, la leguminosa pierde competitividad y la productividad y calidad del recurso forrajero disminuyen de manera marcada.
  • Azufre (S): Aunque muchas veces relegado, cumple un rol fundamental en la síntesis de proteínas y en la eficiencia de uso del nitrógeno. Su deficiencia limita las respuestas a la fertilización nitrogenada y reduce el valor nutritivo del pasto, aun cuando otros nutrientes estén en niveles adecuados.

El desafío pendiente en los pastizales naturales

La baja adopción de fertilización contrasta con la relevancia de los pastizales naturales, que representan una enorme fuente de recursos forrajeros en amplias zonas ganaderas del país. Según FERTILIZAR, en más del 90% de los casos estos ambientes no reciben aplicaciones de nutrientes, desaprovechando una oportunidad concreta de mejorar su productividad, calidad y estabilidad mediante intervenciones estratégicas de alto impacto y con amplio margen de repago.

En el actual contexto de mejora en los precios de la carne, una relación insumo/producto más favorable y mayor inversión en genética, el escenario resulta propicio para incrementar el uso de tecnología y fertilizantes en las pasturas.

Desde la entidad remarcan que no diagnosticar correctamente la oferta de nutrientes del suelo ni ajustar las dosis implica resignar rentabilidad potencial. “Medir, diagnosticar y nutrir de manera balanceada son las rutas más directas para transformar recursos en forraje, y forraje en kilos de carne y litros de leche”, concluyó Ciarlo.