Campaña 2025/26 en Córdoba: récord de trigo y fuerte estrés hídrico en maíz y soja en la zona núcleo

La campaña agrícola 2025/26 en la zona núcleo de Córdoba confirmó un escenario de extremos climáticos: mientras el trigo alcanzó rindes históricos, el maíz y la soja atraviesan etapas críticas bajo altas temperaturas, lluvias erráticas y déficit hídrico. INTA Manfredi advierte sobre un cambio estructural en la gestión productiva.

La campaña 2025/26 en la zona núcleo de Córdoba expone con claridad un fenómeno que ya dejó de ser coyuntural: el clima dejó de responder a promedios históricos y se mueve en una lógica de extremos. En un mismo ciclo, el trigo marcó registros históricos, mientras que el maíz y la soja enfrentan un escenario de estrés térmico y restricciones hídricas que condicionan su potencial productivo.

La región central cordobesa, estratégica para el sistema agroalimentario argentino y sudamericano por su alta aptitud agrícola y su nivel tecnológico, atraviesa una campaña partida. Según el análisis de especialistas del INTA Manfredi, el patrón dominante es la volatilidad climática, con eventos intensos, distribución irregular de lluvias y temperaturas persistentemente elevadas.

Trigo récord en Córdoba: el “trigazo” que marcó la fina

El cultivo de trigo fue el gran protagonista del ciclo 2025/26. En el sudeste provincial, particularmente en los departamentos Marcos Juárez y Unión, los rindes promedio alcanzaron valores cercanos a los 65 quintales por hectárea, ubicándose entre los mejores registros históricos de la región.

De acuerdo con Aquiles Salinas, director de la EEA INTA Manfredi, el resultado fue consecuencia de una combinación precisa de factores: adecuada recarga otoñal, temperaturas moderadas durante el llenado de grano y una sincronización favorable entre oferta hídrica y etapas críticas del cultivo.

Sin embargo, ese rendimiento excepcional tuvo un costo hídrico. Los cultivos de invierno de alto potencial extrajeron volúmenes significativos de agua del perfil del suelo. En numerosos lotes, especialmente aquellos con barbechos cortos o escasas lluvias de reposición en diciembre y enero, la soja de segunda inició su ciclo con reservas limitadas.

El trigo dejó rindes extraordinarios, pero también perfiles más secos. En muchos casos, la gruesa arrancó pagando el costo hídrico de ese excelente cultivo antecesor”, advirtió Salinas.

Maíz bajo presión: diferencias entre siembras tempranas y tardías

En el caso del maíz en Córdoba, la campaña muestra un comportamiento heterogéneo según fecha de siembra. Los planteos tempranos lograron capitalizar la humedad inicial y, en general, atravesaron la floración en condiciones aceptables. No obstante, muchos ingresaron al llenado de grano en medio de olas de calor persistentes, acelerando la senescencia y afectando el peso final del grano.

La situación es más compleja en los maíces tardíos y de segunda, especialmente en el sur y sudoeste provincial. Allí, la combinación de altas temperaturas y escasa reserva de agua útil generó síntomas generalizados de estrés, como el acartuchamiento foliar en las horas de mayor demanda atmosférica.

Según explicó Salinas, el estrés no siempre responde únicamente a la falta de agua en el suelo. “Muchas veces es la atmósfera la que está demandando más agua de la que la planta puede absorber. Eso impacta directamente en la fotosíntesis y en el rinde final”.

Soja en etapa crítica y con déficit hídrico

La soja transita en febrero sus fases reproductivas más sensibles. En amplias zonas del centro-oeste y sur de Córdoba, el cultivo depende de lluvias oportunas para evitar abortos de flores y vainas.

La soja de primera consume las últimas reservas profundas del perfil, mientras que la soja de segunda acusa el “efecto secante” del trigo antecesor, con crecimientos desuniformes y menor desarrollo de área foliar.

Los monitoreos satelitales muestran valores del índice verde normalizado (NDVI) por debajo de la media histórica 2003–2024 en la mayor parte del área productiva central, principalmente desde el sudeste al nordeste provincial, lo que sugiere afectación por estrés hídrico.

Lluvias erráticas y alta variabilidad espacial

Enero de 2026 evidenció un patrón de lluvias fragmentado. Predominaron tormentas convectivas intensas y muy localizadas: mientras algunas localidades del extremo sur superaron los 110 milímetros en pocos días, zonas cercanas recibieron aportes marginales.

Diego Pons, especialista en clima del INTA Manfredi, describió una atmósfera “mucho más convectiva, con eventos intensos y alta variabilidad espacial”. Esta dinámica genera contrastes marcados a distancias cortas y limita la eficiencia hídrica del sistema, ya que la alta intensidad de las precipitaciones favorece la escorrentía y reduce la infiltración efectiva.

En paralelo, importantes regiones no alcanzaron los valores históricos promedio para enero. En Manfredi, por ejemplo, se registraron 57 milímetros frente a un promedio histórico de 119 milímetros para el período 1931–2025.

Más temperatura, mayor demanda atmosférica

El componente térmico atraviesa toda la campaña agrícola 2025/26 en Córdoba. Durante enero y comienzos de febrero se registró una frecuencia elevada de días con temperaturas superiores a 35 °C, lo que incrementó la evapotranspiración potencial y la demanda atmosférica sobre los cultivos.

El aumento de temperatura no solo impacta por el calor directo, sino porque eleva la demanda evaporativa. Aun con humedad disponible en el suelo, la planta puede entrar en estrés si el sistema radicular no logra abastecer esa demanda. El cierre estomático, como mecanismo defensivo, limita la fotosíntesis y reduce la acumulación de biomasa.

El estrés ya no es exclusivamente edáfico: es también atmosférico.

El confort hídrico —indicador que mide si el cultivo logra absorber el agua necesaria para su crecimiento— mostró valores críticos en las zonas más afectadas a comienzos de enero (entre 0 y 10%). Aunque hacia fines de mes se observó una leve recuperación, parte del rendimiento potencial ya se encuentra comprometido.

Neutralidad climática e incertidumbre productiva

El debilitamiento de La Niña y la transición hacia condiciones neutrales no aportaron estabilidad. Para el trimestre febrero–marzo–abril, los pronósticos indican ausencia de una señal definida en precipitaciones, con igual probabilidad de lluvias por debajo, dentro o por encima de lo normal. En contraste, la señal térmica continúa siendo consistente hacia temperaturas superiores a la media.

Este escenario incrementa la incertidumbre. Sin un forzante climático dominante, las lluvias dependen de eventos locales de difícil previsión y distribución irregular, lo que complejiza la planificación productiva.

Un nuevo paradigma para la agricultura cordobesa

La campaña 2025/26 deja una conclusión estructural para la zona núcleo de Córdoba: la gestión agrícola ya no puede basarse en promedios históricos. El sistema productivo demanda monitoreo en tiempo real, análisis de balances hídricos y decisiones estratégicas de largo plazo.

Hoy producir es gestionar agua y energía. El cultivo es casi una consecuencia de cómo manejamos esos procesos”, sintetizó Salinas.

En un contexto de récords y estrés, la agricultura cordobesa enfrenta el desafío de adaptarse a un clima cada vez más variable, donde la competitividad dependerá, en gran medida, de la capacidad de gestionar procesos hídricos complejos bajo condiciones extremas.