Los nuevos desafíos del negocio ganadero tras el cambio de escenario económico

Ante la estabilización macroeconómica y la pérdida de rentabilidad por stockeo, Diego Ponti, economista de AZ Group, analiza cómo la eficiencia productiva, el foco en la calidad y la diferencación de marca reconfiguran la estrategia de la ganadería argentina.

El negocio ganadero atraviesa una transformación de fondo impuesta por el nuevo contexto macroeconómico. Tras dos décadas orientadas a esquemas defensivos de preservación de valor, la actividad enfrenta la necesidad de migrar de un modelo basado en la tenencia hacia uno enfocado en el flujo de caja, la eficiencia en el uso de los recursos y la certificación de calidad. Así lo analizó el economista Diego Ponti, integrante de la consultora AZ Group, durante una entrevista realizada en el marco de la Exposición de Primavera de Angus.

Según se desprende de las declaraciones de Ponti, la pérdida de los rendimientos financieros generados históricamente por la inflación y los saltos cambiarios exige a los ganaderos producir más kilos y de mejor nivel con los mismos recursos. En esta nueva fase productiva, la alimentación y la nutrición pasaron a ser variables competitivas debido a que la relación de precios entre los insumos forrajeros y la carne resulta favorable, lo que permite aprovechar al máximo el potencial genético y los esquemas de sanidad y manejo.

Uno de los ejes centrales planteados por el analista radica en la transición de la cantidad a la diferenciación. En una economía propensa a encarecerse en dólares, no diferenciarse implica quedar expuesto a competir exclusivamente por precio. Para sortear los promedios del mercado, Ponti remarcó la importancia de poner «nombre y apellido» a la carne mediante certificaciones y marcas. Este proceso responde a dos demandas convergentes: por un lado, el mercado externo exige garantías de calidad respaldadas institucionalmente; por el otro, en el mercado interno, las nuevas generaciones compran cada vez más a distancia o buscan dietas diversificadas, basando sus decisiones de consumo en la confianza que proyecta la marca comercial sobre el producto.

Para abordar esta etapa de largo plazo, el especialista de AZ Group trazó una serie de recomendaciones estratégicas dirigidas a las empresas del sector:

  • Foco en las variables bajo control directo: Distanciarse del ruido coyuntural y concentrarse en métricas técnico-económicas de impacto inmediato, tales como la eficiencia de conversión alimenticia o el momento de la concepción, donde pequeñas variaciones de peso al destete representan diferencias significativas en los ingresos por ternero.
  • Planificación estratégica y cambio de hábitos: Adecuar la estructura operativa a las nuevas reglas de juego mediante una planificación con horizonte de tres a cinco años, comprendiendo que el mercado ya no tolera las ineficiencias del pasado.
  • Gestión comercial activa: Trascender la etapa de «despachar hacienda» e involucrarse con la cadena industrial. Esto implica conocer los requerimientos específicos de los frigoríficos, identificar nichos de mayor valor y explorar alianzas comerciales estratégicas.
  • Introspección y asociativismo: Evaluar con precisión las fortalezas y debilidades de la empresa para potenciar los puntos fuertes y resolver los aspectos deficitarios a través de esquemas asociativos, como acuerdos de capitalización o alianzas estratégicas con otros actores de la región.