Así lo detalló el presidente de la Asociación de Pequeñas y Medianas Empresas Lácteas (APYMEL) quien también exigió una reducción de la presión impositiva para ganar competitividad global.
La cadena láctea argentina experimenta un proceso de transformación hacia esquemas de mayor previsibilidad y eficiencia productiva. El presidente de la Asociación de Pequeñas y Medianas Empresas Lácteas (APYMEL), Pablo Villano, manifestó una visión optimista respecto al presente del sector, remarcando que existe una mayor madurez y vocación de trabajo conjunto entre los gobiernos, los productores, los profesionales y las industrias de todas las escalas, para consolidar los saldos exportables y potenciar la presencia de valor agregado en el mercado externo.
Villano enfatizó la necesidad de avanzar unificados hacia el frente externo: “Tenemos que estar todos juntos, cada uno en su rol, pero todos en función de que nos convirtamos en fabricantes para la industria local y el mercado interno, y por otro lado estar seriamente exportando, cuidando los mercados y tratando de vender con valor agregado”.
El dirigente explicó que el comercio internacional de lácteos posee una dinámica sumamente sensible, dado que solo el 11% de la leche total producida en el mundo se exporta. Este escenario implica que cualquier desequilibrio marginal genera fluctuaciones bruscas en las cotizaciones, obligando a las pymes locales a maximizar la eficiencia dentro de las fábricas, en sintonía con la eficiencia que los tamberos deben lograr tranqueras adentro.
No obstante, el titular de APYMEL advirtió que los esfuerzos privados colisionan contra las deficiencias estructurales del Estado, principalmente en materia impositiva:
Por un lado, la estructura fiscal interna, donde los impuestos representan actualmente un 40% del valor final de cualquier producto lácteo en la góndola. Por otro lado, las retenciones y tasas de exportación, que, si bien ponderó como un hecho fundamental que se hayan eliminado por completo las retenciones, detalló que subsiste una carga de entre el 7% y el 12% en impuestos para quienes exportan.
Por último, el impacto informal que de acuerdo con Villano, esta elevada presión fiscal alienta la evasión en todos los rubros de la economía debido a la necesidad de los operadores de sostener sus negocios, por lo que instó a reordenar los tributos nacionales, provinciales y municipales.
Al ser consultado sobre la resistencia de algunos productores a incrementar los volúmenes de producción a pesar de contar con indicadores sectoriales más competitivos, el directivo consideró que se trata de un comportamiento lógico y razonable de resguardo financiero. “Cuando hay un crecimiento sostenido de la producción, como pasó el año pasado y en lo que va de este, y el precio no se mueve siguiendo la inflación, el productor se pregunta para qué producimos. Al producir mucho, la cosa se plancha”, argumentó.
Frente a esta situación el titular de APYMEL propuso una estrategia asociativa basada en la confianza: crear negocios en común orientados a la exportación entre productores y fábricas de distinta escala, defendiendo de manera conjunta el valor de la mercadería.
Finalmente, Villano recalcó que el despegue definitivo de la actividad requiere la reglamentación y puesta en marcha de las nuevas reformas laborales, así como una inversión decidida en infraestructura vial y transporte. “Antes no la teníamos en cuenta y hoy la logística es un tema muy importante, tanto para la recolección de la leche como para llevar los productos adentro y afuera. Producimos alimentos para 400 millones de personas y somos menos de 50 millones; el objetivo general tiene que ser salir de la comodidad de producir solo para el mercado interno”, concluyó.