ROSGAN y la Mesa de las Carnes plantearon la necesidad de establecer una agenda común entre productores, bancos, mercados e instituciones para desarrollar herramientas de financiamiento que permitan ampliar el crédito y acompañar el crecimiento de la actividad.
La ganadería continúa financiándose mayormente con recursos propios y tiene condiciones para crecer, mercados demandantes y oportunidades productivas. Pero para transformar ese potencial en inversión, escala y mayor producción, necesita profundizar su vínculo con el sistema financiero y el mercado de capitales. Ese fue uno de los ejes centrales de la jornada «Ganado, Carnes y Capital», organizada por Rosgan y la Mesa de las Carnes en la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), un encuentro que reunió a bancos, mercados y referentes de la cadena de carnes para poner en común herramientas concretas de financiamiento.
A la mesa se sentaron representantes de BICE, Banco Macro, Santander, Galicia, Banco Provincia y Banco Nación, junto con los mercados que operan con la BCR: el Mercado Argentino de Valores (MAV), A3 Mercados y ROSFID. El objetivo declarado fue analizar alternativas de crédito para una actividad que tiene ciclos productivos largos y demanda inversiones que no siempre encajan con la lógica de plazos cortos de la banca tradicional.
Durante el intercambio se destacó que existe una demanda creciente de crédito por parte de productores y empresas ganaderas con planes de largo plazo, especialmente vinculados a infraestructura, mejora productiva, ampliación de escala e integración de la cadena. En ese marco, se señaló que en 2025 el crédito al sector ganadero creció 220%, una señal de mayor dinamismo, aunque todavía insuficiente frente al volumen de inversión que requiere la actividad.
Por otra parte, se señaló la necesidad de construir instrumentos adaptados a la lógica ganadera. Entre las alternativas mencionadas aparecieron el financiamiento a valor producto, los convenios entre distintos eslabones de la cadena, las líneas vinculadas a exportación, el warrant ganadero, la simplificación de carpetas crediticias y una mayor digitalización de los procesos.
Desde el mercado de capitales, en tanto, remarcaron que los fondos existen, pero se requiere una transformación en la forma de organizar y presentar los proyectos: no alcanza con pensar al productor ganadero como sujeto individual, sino como una empresa ganadera con información, trazabilidad, garantías y capacidad de vincularse con instrumentos financieros más sofisticados.
Entre las alternativas presentadas se mencionaron futuros ganaderos, descuento de cheques, pagaré bursátil, factura de crédito, pagaré producto, warrants, fideicomisos y Obligaciones Negociables Agro. También se señaló que las emisiones de ON Agro acumulan U$S 450 millones en lo que va del año, una señal del potencial del mercado de capitales para canalizar ahorro hacia proyectos productivos.
Los mercados también pusieron sobre la mesa la necesidad de desarrollar precios de referencia, ampliar volúmenes y sumar participantes para que herramientas como los futuros ganaderos puedan consolidarse. En ese sentido, la integración de la cadena aparece como una condición clave para generar instrumentos con mayor profundidad, previsibilidad y capacidad de cobertura.
Por su parte, el economista David Miazzo, de la Mesa de las Carnes, sintetizó la paradoja estructural del sector: la ganadería es una actividad intensiva en capital, pero todavía se financia en gran medida con recursos propios. En ese sentido, advirtió que el sistema bancario financia apenas U$S 20 por cabeza de stock bovino, un nivel insuficiente para transformar la matriz productiva, retener vientres a gran escala o acelerar la incorporación de tecnología.
Por último, se mostró experiencias concretas de empresas que lograron convertir esquemas de financiamiento en crecimiento productivo. Pablo Masor, de Las Camelias, graficó el cambio de escala de la producción avícola: mientras en 2005 un galpón de 15.000 pollos demandaba alrededor de U$S 100.000, en 2024 un galpón de 44.000 pollos requería cerca de U$S 400.000. El ejemplo permitió mostrar cómo la inversión necesaria crece junto con la escala y por qué el financiamiento se vuelve decisivo para sostener procesos de expansión.