La nueva herramienta desarrollada por el INTA identifica vacas infectadas que no reaccionan a la prueba de tuberculina y continúan propagando la bacteria en el rodeo. El investigador Marcelo Signorini explicó cómo este avance mejora el diagnóstico y contribuye al control de la tuberculosis bovina.
El investigador del INTA-CONICET Marcelo Signorini, dialogó con Cadena de Valor y dio detalles del desarrollo de un test de ELISA capaz de identificar vacas anérgicas que evaden la tuberculina (PPD) y liberan la bacteria al rodeo. El especialista remarcó pautas críticas de manejo para evitar falsos negativos y reducir prevalencias de hasta el 25%. “Buscamos mejorar la sensibilidad del sistema diagnóstico”, explicó.
Vale recordar que el control de la tuberculosis bovina representa uno de los desafíos más complejos y frustrantes para la medicina veterinaria y la lechería. Al tratarse de una enfermedad crónica y de difícil erradicación, la persistencia del patógeno se ve favorecida por la longevidad de las vacas en los rodeos lecheros y por las limitaciones diagnósticas de las metodologías tradicionales.
De esta manera, Signorini, explicó que la prueba tradicional del derivado proteico purificado (PPD) o tuberculina presenta fallas para detectar a animales que se encuentran en fases avanzadas del cuadro.
“Conforme va transcurriendo la enfermedad, los animales no pueden controlar más a la bacteria y deponen las armas. En esa etapa dejan de reaccionar a la PPD pero comienzan a producir anticuerpos que antes no podíamos medir. Son los llamados animales anérgicos: expulsan la mayor cantidad de micobacteria al ambiente y, aunque sean pocos, mantienen la infección circulante en el establecimiento”, precisó Signorini.
Para cortar este ciclo, el INTA desarrolló una técnica de ELISA específica que logra identificar a estos vacunos asintomáticos y anérgicos para retirarlos de inmediato del rodeo. De esta manera, la variabilidad de la enfermedad en la cuenca lechera es amplia, con establecimientos que registran prevalencias desde el 0,5% hasta más del 25%. Ante este escenario, el especialista brindó recomendaciones estrictas sobre la interpretación diagnóstica y el descarte de hacienda.
Por un lado, la eliminación inmediata, donde el animal que da positivo a la PPD debe ser enviado a descarte antes de los 30 días. Por otro lado, la prohibición de repetir la PPD, “ya que Jamás se debe volver a testear a un animal que dio positivo previamente. Al repetir la prueba tres meses después, el resultado puede dar un falso negativo que reingresa el riesgo al rodeo”, señaló
Y, por último, el uso de pruebas complementarias, dondeSignorini desaconsejó el uso del gamma interferón como prueba confirmatoria por ofrecer resultados controversiales. En su lugar, recomendó la prueba cervical comparada para certificar si la infección corresponde a tuberculosis o paratuberculosis.
Respecto a la periodicidad de los controles, el investigador sugirió aplicar la PPD cada 3 a 4 meses en establecimientos con alta prevalencia, evitando intervalos más cortos para no desensibilizar al rodeo. Si la prevalencia cae por debajo del 0,5%, dos chequeos anuales en el rodeo general resultan suficientes.
Asimismo, en tambos con antecedentes sanitarios complejos, Signorini enfatizó la necesidad de realizar entre 2 y 3 pruebas de PPD en la recría, comenzando a partir de los 2 meses de edad hasta el momento en que las vaquillonas ingresan a la línea de ordeño.