Semáforo de Coninagro: Compleja situación de las economías regionales

El semáforo de Coninagro indicó que 8 de las 19 economías regionales se encuentran en estado de crisis, mientras que bovino, porcino, granos y miel atraviesan una buena situación.

La Confederación Intercooperativa Agropecuaria (Coninagro), de la mano de su presidente, Lucas Magnano, presentó en Expoagro una nueva edición del semáforo de economías regionales en el que realiza un relevamiento de 19 actividades productivas de la Argentina, correspondiente al mes de septiembre. De ese total, 8 se encuentran en un estado de crisis o mostrando signos críticos, 7 marcan una señal de advertencia, y 4 de ellas están en buen estado.

Las actividades en rojo se ubican yerba mate, arroz, papa, vino y mosto, hortalizas y algodón, a las que este mes se suman maní y leche. En la mayoría de estos casos, el problema principal está en el componente de negocio: los precios que reciben los productores se mantuvieron prácticamente estancados o crecieron por debajo de la inflación y del aumento de los costos operativos. Esto termina deteriorando la rentabilidad y dificulta la recuperación de estas actividades.

En el extremo opuesto, las actividades en verde incluyen bovinos, ovinos, granos y miel. En todos estos sectores se observó un buen componente de negocio, con precios que crecieron por encima de la inflación. Este resultado se complementó con un buen desempeño en los mercados y con indicadores productivos que acompañaron.

Mientras que en amarillo figuran forestal, maní, leche, tabaco, cítricos dulces, mandioca, peras y manzanas, aves y porcinos. Estos sectores presentaron señales mixtas: los precios no lograron acompañar la inflación, la demanda se mantuvo estable o con poca dinámica y los costos continuaron elevados. Esta combinación derivó en períodos de recuperación prolongados y en dificultades para consolidar mejoras sostenidas.

En este marco, Coninagro analizó por qué estos dos sectores ingresaron a un escenario crítico. En el caso de la lechería, el paso a rojo se explica principalmente por el deterioro del componente de negocio. El precio que recibe el productor por litro de leche se mantiene sin cambios desde hace 10 meses, en torno a los $470. En términos interanuales, esto implica una suba de apenas 8%, muy por debajo de una inflación cercana al 32%.

A esto se suma un componente productivo estable, sin grandes cambios en los niveles de ordeñe, y un componente de mercado complejo, con un incremento de las importaciones (+50%) en relación con las exportaciones (+20%).

En el caso de la producción manisera, el principal factor detrás de su traspaso de categoría es el deterioro del componente de negocio, combinado con proyecciones poco favorables en el componente productivo.

El precio en dólares de la tonelada pagada al productor se mantiene estancado desde hace ocho meses, en torno a los U$S 594. A esto se suman malas proyecciones para la campaña 2025/26, con una caída proyectada del 25% en el área sembrada (132 mil hectáreas menos) y una reducción del 13% en la producción (215 mil toneladas).

En cuanto al mercado, la demanda externa se mantuvo relativamente estable, aunque se registró un aumento de las importaciones del 12%.

Para el comercio exterior, las 19 actividades agropecuarias y economías regionales relevadas sumaron exportaciones por U$S 5.032 millones, un aumento del 44% frente al promedio histórico de la última década para ese mes (U$S 4.072 millones).

La composición de las ventas externas presentó una alta concentración: el 80% de los ingresos correspondió a los complejos granarios (soja, maíz, trigo, girasol, cebada y sorgo) y el sector bovino aportó otro 9%. El 11% restante, equivalente a unos U$S 525 millones, correspondió al resto de las economías regionales.

Respecto de las importaciones, en enero se realizaron compras externas por U$S 82 millones, frente a los U$S 5.032 millones exportados. El complejo granario representó el 30% del total importado, seguido por la actividad forestal (22%), el sector porcino (11%) y el algodonero (10%). El 11% restante se distribuyó entre otras actividades con menor participación.