El referente de la reconocida Cabaña La Lilia analizó el impacto del confort animal, la incorporación de innovaciones como la quiropraxia bovina y los desafíos de financiamiento e infraestructura que enfrenta la lechería argentina para avanzar en escala y gestión.
En el marco de la jura de la exposición MECA26, Cadena de Valor dialogó con Horacio Barberis, propietario de Cabaña La Lilia —establecimiento de referencia en genética Holando Argentino—, sobre el presente productivo de la cabaña, el esquema de inversiones realizado y los retos estructurales del sector lechero.
Durante la entrevista periodística realizada junto a otros medios colegas, Barberis destacó el perfil innovador de la empresa familiar y repasó la fuerte inversión concretada tiempo atrás: “Hace dos años y medio hicimos un freestall para albergar 700 vacas y la verdad que fue una inversión enorme la que hemos hecho y un sacrificio enorme porque somos mortales nosotros, no tenemos otro ingreso. Hoy tener 700 vacas con más de 40 litros de promedio en el galpón hace dos años y medio, uno se da cuenta que no hay que detener las inversiones y qué bueno sería que hubiera reglas claras para poder esas inversiones replicarlas en general como lo ha hecho el mundo”.
Al comparar la situación del sector agropecuario con otras actividades que cuentan con regímenes promocionales, la fuente señalaba las limitaciones de financiamiento: “Para sacar un crédito no se puede prendar una vaca lechera, hay que hipotecar el campo. Siempre para hacer inversiones en el campo no hay los acompañamientos que hay para otro tipo de inversión industrial, cuando en realidad el campo hay que tomarlo como una industria”.
En este sentido, enfatizó la brecha económica actual para el financiamiento crediticio: “Estas corajudeadas, como hicimos nosotros para hacer esta inversión, no tienen que ser corajudeadas, tienen que ser tentados los productores por intereses que se puedan pagar con ese incremento que da el confort a las vacas y a la gente. Hoy tenemos un aumento de la leche de un 18% anual y una tasa de interés para este tipo de inversiones es un 30%”.
Prioridad al confort y reducción de pérdidas
Respecto al desarrollo técnico del proyecto, Barberis explicó que en una primera instancia evaluaron instalar cinco robots de ordeñe, pero tras el asesoramiento de consultores de la Universidad de Wisconsin redirigieron la prioridad hacia la infraestructura de alojamiento.
“Nos dieron la idea de que nosotros primero demos confort, porque la gran pérdida no era por ordeñe, era por confort y por derroche de comida; nos hicieron ver que era un 20% más o menos la pérdida y que el ordeñe nos podía mejorar un 5% la robotización. La Lilia priorizó el confort animal y sigue ordeñando como puede hasta que podamos hacer otro galpón”, detalló. Tras dos años y medio de uso del galpón, evaluó que las pérdidas de alimento evitadas se ubican entre el 22%, con impacto directo en los costos y en la mejora de la tasa de preñez. Actualmente, la cabaña mantiene su capacidad para ordeñar hasta 1.200 vacas en las instalaciones existentes.
Gestión, juventud e innovaciones en sanidad
En la charla con la prensa, el titular de La Lilia remarcó la importancia de pasar del modelo tradicional a uno basado en el control de datos: “Todas estas tecnologías hacen que los jóvenes, sin la necesidad de haber nacido en el campo ni saber mucho de campo, puedan meterse en una administración de un proyecto. Hay que gestionar: todos los días tienen que estar los datos de la vaca, de la inseminación, de la comida, rápidamente ver dónde está el problema para solucionarlo”.
Asimismo, se refirió a la incorporación de prácticas poco convencionales en la lechería nacional, como la quiropraxia bovina, tras un contacto realizado en el evento Todolactea: “Nos relacionamos con una chica de Brasil que hace quiropraxia en los caballos y también en los bovinos para darle un poco más de bienestar a los animales y dijimos ‘¿por qué no nosotros en Argentina?’. La contratamos, la trajimos y ya vino 3 o 4 veces. Lo importante siempre es estar en la vanguardia y tratar de traer innovaciones que hagan que seamos mejores”.
De cara al futuro, Barberis sintetizó la proyección del establecimiento familiar: “La idea es terminar con este proyecto enorme para ordeñar más cantidad de vacas, para hacer un proyecto familiar de 40 a 50 mil litros. Y el sueño del viejo Horacio es ver si algún nieto algún día procesa esa producción para darle un valor agregado, pero eso lo decidirán los jóvenes”.