Con la participación de casi 400 asistentes, el foro agroindustrial organizado por AgroActiva abordó el acuerdo con Europa, la eficiencia empresarial, la inteligencia artificial y el potencial exportador del polo santafesino.
En Rosario se realizó la tercera edición FARO, el Foro Agroindustrial Argentino de Rosario organizado por AgroActiva y Salones Puerto Norte, que en esta oportunidad reunió a unos 380 asistentes en una jornada de análisis, debate y reflexión sobre los desafíos que enfrenta el agro argentino frente a un escenario internacional cada vez más fragmentado.
Bajo el concepto de “G-Zero”, el encuentro puso sobre la mesa una pregunta que atravesó las distintas exposiciones: ¿cómo producir, invertir y exportar cuando ninguna potencia tiene hoy la capacidad o la voluntad de ordenar el sistema internacional?
En esta oportunidad, el evento reunió a cinco especialistas de distintas disciplinas, que abordaron desde el acuerdo Mercosur-Unión Europea y la geopolítica mundial hasta la estrategia empresarial, la tecnología, la inteligencia artificial y las perspectivas de la economía argentina.
El primer eje de análisis estuvo a cargo de Maximiliano Díaz, magíster en Políticas Públicas y socio de Endógena Consultora, quien abordó el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea y su impacto sobre cadenas estratégicas como soja, maíz, bovinos, arroz y miel. Díaz calificó el acuerdo como una ventana de acceso a un mercado de alto poder adquisitivo, aunque advirtió que demandará transformaciones estructurales en los esquemas locales.
Uno de los aspectos salientes remarcados por el consultor fue el compromiso asumido por el país para reducir los derechos de exportación al 14% para la soja con destino al bloque europeo, lo que representaría un diferencial de rentabilidad sustancial para el complejo oleaginoso. No obstante, subrayó que la rentabilidad dependerá de la capacidad de responder a mayores exigencias de certificación, mitigación de impacto ambiental y trazabilidad integral, instando a sostener una participación activa en los comités técnicos bilaterales para resguardar los intereses productivos argentinos.
La conceptualización del escenario global estuvo a cargo del politólogo Andrés Malamud, docente de la Universidad de Lisboa, quien describió el debilitamiento de los organismos multilaterales como la Organización Mundial del Comercio para resolver disputas entre naciones. Malamud puntualizó que, al desaparecer las instancias independientes de arbitraje, las tensiones contemporáneas se definen exclusivamente por la imposición de fuerza o por acuerdos diplomáticos directos entre partes.
Al evaluar las variables de posicionamiento para la Argentina, el analista ponderó el equilibrio fiscal como un ancla macroeconómica fundamental, aunque advirtió sobre las restricciones que impone la reputación crediticia histórica del país. Asimismo, ofreció una lectura renovada sobre la localización geográfica: remarcó que el aislamiento territorial respecto a los focos de conflicto bélico mundial convierte a la distancia, históricamente vista como un sobrecosto logístico, en un activo estratégico de seguridad y estabilidad.
La mirada empresarial estuvo a cargo de Roberto Vassolo, profesor de Estrategia del IAE Business School, quien sostuvo que las transformaciones regulatorias y la apertura de mercados imponen a las firmas una exigencia insoslayable de eficiencia operativa y foco en la productividad. Para las empresas de escala intermedia, Vassolo recomendó construir diferenciales basados en la consolidación de marca, la cercanía con los clientes y la inversión en investigación y desarrollo para capturar mayor valor por fuera de la competencia estricta por precio.
Por su parte, el especialista en innovación Juan Pablo Cosentino propuso repensar la incorporación de tecnología bajo una lógica de ecosistema integrado, superando el modelo de eslabones aislados para fortalecer colaborativamente los puntos más vulnerables de la cadena productiva. Respecto a la inteligencia artificial generativa, advirtió sobre los riesgos de operar con datos débiles o delegar decisiones críticas sin criterio agronómico propio, recordando que estos modelos computacionales priorizan la plausibilidad estadística antes que la veracidad fáctica.
El cierre de las exposiciones estuvo a cargo de Santiago Giraud, economista y responsable de Macroeconomía del Área de Economía de CREA, quien analizó la transición de las empresas rurales hacia reglas de mercado homogéneas con el resto de las actividades productivas, enfatizando que la extensión de los ciclos biológicos del campo requiere horizontes de previsibilidad macroeconómica de largo plazo para materializar decisiones de inversión.
En el segmento institucional, el ministro de Desarrollo Productivo santafesino, Gustavo Puccini, dimensionó la gravitación logística de la provincia en el comercio internacional. El funcionario precisó que el cordón portuario ubicado entre Arroyo Seco y Timbúes movilizó 75,7 millones de toneladas durante 2025, concentrando en una franja de 70 kilómetros cerca del 76% del total de las exportaciones argentinas y superando en volumen operativo a terminales globales como Nueva Orleans y Santos.
FARO 2026 cerró una jornada que buscó mirar más allá de la coyuntura inmediata y poner al agro argentino frente a una transformación de alcance global. En un mundo con menos certezas, más disputas comerciales y nuevas reglas tecnológicas, la discusión ya no pasa solamente por cuánto producir, sino por cómo competir, cómo diferenciarse y cómo construir confianza para seguir exportando.