¿Cuánto cuesta incorporar riego tras la aprobación del RIMI?

A partir de los beneficios que otorga el RIMI, especialistas del INTA Manfredi analizan el costo que debe afrontar un productor a la hora de incorporar riego, qué impacto genera y cómo el nuevo régimen puede favorecer su adopción.

La agricultura argentina tiene un amplio margen de crecimiento a partir de una mayor adopción de equipos de riego, una tecnología clave para potenciar los cultivos extensivos y reducir la vulnerabilidad frente a la variabilidad climática. Tras la aprobación del Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI) incorporó beneficios impositivos que amplían las posibilidades de inversión en riego para la agricultura extensiva argentina.

De esta manera, especialistas del INTA Manfredi analizaron las implicancias productivas y financieras de estas medidas, el impacto del riego sobre los cultivos y los costos de su incorporación, en un escenario donde la baja de impuestos a la importación y los incentivos fiscales comienzan a modificar las decisiones tecnológicas.

Vale recordar que el Gobierno de la Provincia de Córdoba ya dispuso el procedimiento para que los productores agropecuarios que posean sistemas y/o equipos de riego con destino al sector agroindustrial puedan solicitar la aplicación de la alícuota diferenciada del Impuesto al Valor Agregado (IVA) en el servicio de energía eléctrica.

Frente a esto, Martín Giletta, jefe del Departamento de Economía del INTA Manfredi, señaló que el nuevo régimen avanza sobre factores que históricamente limitaron la adopción de esta tecnología. “La reducción del IVA sobre la tarifa de energía eléctrica y la amortización acelerada son avances desde el punto de vista contable, financiero e impositivo, que van a mover la aguja en el crecimiento del área regada”.

Según estimaciones técnicas, en los próximos años el riego podría expandirse sobre unos 6 millones de hectáreas sembradas con cultivos extensivos en el país, frente a los 2 millones actuales. “Estaríamos triplicando la superficie potencial irrigable que dispone del recurso en un corto plazo, con impacto en la economía del sector y del país”, sostuvo.

Por su parte, Aquiles Salinas, director del INTA Manfredi destacó que el principal aporte del riego no solo se refleja en el aumento de los rendimientos, sino en la estabilidad del sistema productivo frente a una mayor variabilidad climática. “Además del salto productivo, el riego reduce el riesgo en ciclos con déficit hídrico, incluso cuando una sequía haría inviables los planteos en secano”, indicó.

En esa línea, destacó que el principal aporte del riego pasa por mejorar los rendimientos y, sobre todo, por darle estabilidad al sistema frente a una mayor variabilidad climática. “Hoy la mirada es que el riego no es el bombero que apaga el incendio de la sequía de un año, sino una herramienta que permite planificar los próximos diez años”, agregó.

Frente a esto se aportaron datos concretos

  • En trigo, el rendimiento promedio pasa de 2.341 a 6.976 kg/ha con riego. Esto es un aumento de 4635 kg/ha, y casi triplica al del secano.
  • En maíz, de 7.740 a 14.890 kg/ha. Esto es una mejora de 7150 kg/ha, equivalente a casi el doble.
  • En soja de segunda, de 2.550 a 3.543 kg/ha. Con una suba de 993 kg/ha.

Al traducir esos rindes a valor económico, el diferencial de Valor Bruto de Producción asciende a U$S 1.029/ha en trigo, U$S 1.330/ha en maíz y U$S 327/ha en soja.

Si bien los impuestos no suelen incorporarse al análisis operativo del costo de riego, sí tienen un fuerte impacto financiero sobre las empresas.La reducción de la alícuota en la factura eléctrica implica una menor erogación y también ayuda a no acumular tanto crédito fiscal”, indicó Giletta.

Así, el RIMI mejora la ecuación contable y financiera de las empresas al permitir amortizar más rápidamente la inversión en equipos dentro del impuesto a las ganancias, lo que reduce la carga fiscal en los primeros años y mejora la disponibilidad de capital de trabajo. Además, habilita el cómputo de los créditos fiscales de IVA tras tres períodos fiscales mensuales.

Ambos instrumentos inciden de manera directa en la decisión de invertir, especialmente en un contexto donde los costos de los equipos comenzaron a retroceder. De acuerdo con un relevamiento del INTA entre empresas proveedoras, un sistema de riego por pivote de dos o tres posiciones puede rondar los 2500 dólares por hectárea, mientras que el goteo enterrado se ubica entre 3200 y 3300 dólares por hectárea. “El alivio impositivo y financiero puede ser clave para definir la inversión”, sostuvo Giletta.

Por ultimo, desde el INTA señalan que la expansión del riego abre una ventana de oportunidad en un momento de reconfiguración del negocio agrícola, tanto por el escenario internacional de precios como por los cambios en los precios relativos a nivel local. “Estamos entrando en un ciclo donde la rentabilidad agrícola puede estar bastante exigida”, advirtió Giletta.

Las empresas tienen el desafío de cerrar brechas tecnológicas, en un contexto con menores precios y mayores costos”, afirmó. En ese sentido, el riego es una oportunidad para mejorar la eficiencia y la productividad, y estabilizar los sistemas.