La confirmó subas poblacionales tempranas de la plaga en el norte y centro del país y advierte que el vector resiste heladas de hasta -7 °C y que las hembras solo reactivan su reproducción al tocar plantas de maíz.
A más de dos años de la situación que puso en alerta a toda la cadena maicera, Dalbulus maidis, la “chicharrita del maíz” continúa ocupando un lugar central en la agenda técnica. Aunque la campaña 2024/25 mostró una situación sanitaria mucho más favorable, los monitoreos de la campaña actual volvieron a registrar incrementos poblacionales en distintas regiones del país.
Frente a esta situación la Red Nacional de Monitoreo de D. maidis, compartieron los principales resultados obtenidos durante el segundo año de trabajo colaborativo, junto con nuevos avances sobre la biología del vector que ayudan a comprender mejor su comportamiento y supervivencia.
Los resultados confirmaron que la dinámica poblacional continúa mostrando fuertes diferencias entre regiones y campañas. Mientras que durante 2024/25 las bajas temperaturas contribuyeron a reducir la actividad del vector, en la campaña 2025/26 las capturas comenzaron a incrementarse más temprano en varias zonas productivas. En el NOA y el NEA, por ejemplo, los aumentos se registraron desde fines de diciembre y principios de enero, anticipándose respecto de la campaña anterior.
Uno de los principales mensajes surgidos del panel fue que no existen patrones ni una receta de manejo única para todo el país. La evolución de las poblaciones responde fuertemente a factores ambientales y a las particularidades productivas de cada región. Por ejemplo en zonas como el centro-norte de Santa Fe, esta campaña hubo presencia temprana de chicharrita durante gran parte del ciclo del cultivo. Sin embargo, la incidencia final de síntomas fue baja, probablemente asociada a menores niveles de infectividad.
Los especialistas remarcaron que la cantidad de insectos capturados representa sólo una parte del problema. La infectividad, es decir, el porcentaje de individuos portadores de los agentes causales del complejo de achaparramiento, se ha convertido en una herramienta fundamental para interpretar el riesgo sanitario.
Según explicó el especialista Alejandro Vera de la EEAOC, en algunas regiones la presencia de chicharritas fue acompañada por niveles importantes de portación de Spiroplasma desde etapas tempranas del cultivo, mientras que otras presentaron abundantes poblaciones del vector pero baja infectividad. Esto ayuda a explicar por qué zonas con niveles similares de capturas pueden mostrar impactos muy diferentes sobre el cultivo.
Los estudios presentados sobre nuevos avances sobre la biología del vector por el Dr. Eduardo Virla, investigador de la Fundación Miguel Lillo y CONICET y su equipo, mostraron diferencias sustanciales en el comportamiento invernal entre hembras y machos.
Una de las características que remarcó el investigador es que las hembras atraviesan el invierno fecundadas pero sin huevos desarrollados, con sus ovarios en reposo. La actividad reproductiva sólo se reactiva cuando vuelven a entrar en contacto con plantas de maíz. Este hallazgo indica que ni el aumento de la temperatura ni de horas de luz son suficientes para reactivar la reproducción: el estímulo determinante es la presencia del hospedante. Esto refuerza la importancia de eliminar maíces voluntarios y evitar la existencia de «puentes verdes» que permitan la continuidad del ciclo biológico de la plaga.
Los trabajos también revelaron que las poblaciones otoñales acumulan importantes reservas energéticas antes de ingresar al invierno. Las hembras incrementan sus niveles de lípidos y glicógeno, recursos que les permiten atravesar períodos prolongados de escasez alimentaria y tolerar condiciones ambientales adversas. Mientras que los machos destinan más energía a la reproducción durante el otoño, asegurando que las hembras lleguen fecundadas al invierno.
Otro resultado llamativo fue que individuos provenientes de poblaciones argentinas lograron soportar varias horas de exposición a temperaturas de hasta -4 °C e incluso -7 °C. Por este motivo, el investigador destacó que las heladas por sí solas no son suficientes para reducir drásticamente las poblaciones. El factor más importante continúa siendo la ausencia prolongada de maíz en el paisaje, que obliga a los insectos a consumir sus reservas y, al mismo tiempo, aumenta su exposición a la acción de enemigos naturales.
Los resultados presentados también volvieron a poner en evidencia la importancia del llamado “puente verde”. En regiones endémicas donde existe presencia de maíz durante gran parte del año, ya sea por siembras tempranas o escalonadas, el hospedante permanece disponible por más tiempo, favoreciendo la supervivencia y reproducción del vector
La continuidad temporal de cultivos reduce las ventanas de interrupción del ciclo biológico e incrementa las probabilidades de que poblaciones activas de la chicharrita alcancen nuevos lotes en etapas tempranas. En este contexto, el riesgo sanitario depende no sólo de la abundancia de insectos y su infectividad, sino también de la interacción con la disponibilidad de hospedantes y la organización temporal del cultivo dentro de cada región.