En el Congreso Internacional de Maíz, el especialista advirtió sobre las pérdidas que genera el carryover de agroquímicos en los suelos y presentó soluciones tecnológicas para frenar al maíz guacho.
En el marco de la 5° Edición del Congreso Internacional de Maíz, el experto en malezas, docente universitario y socio de AX Consulting, Luis Lanfranconi, se enfocó en dos aspectos centrales para la eficiencia productiva del cultivo: el impacto invisible de los herbicidas residuales en el desarrollo del maíz y las herramientas tecnológicas disponibles para combatir el maíz guacho y frenar la chicharrita.
Según explicó el ex técnico del INTA durante la entrevista realizada por Cadena de Valor, el maíz es un cultivo de alto costo en el que se deben cuidar todos los detalles para alcanzar los objetivos de rendimiento. En ese contexto, advirtió que la desesperación de los productores ante el avance de las malezas resistentes ha llevado a un uso creciente y acumulativo de herbicidas residuales en el suelo.
Planificación por lote para evitar el carryover
Lanfranconi expuso resultados sobre el impacto de tres moléculas específicas —diclosulam, metsulfuron-metil e imazapyr— en el desarrollo radicular y foliar del maíz. Al respecto, remarcó que las características fisicoquímicas de los productos y la vida media en el suelo (que varía entre 50 y 200 días) pueden jugarle una mala pasada al cultivo si las lluvias, la materia orgánica o el tipo de suelo no acompañan para su degradación.
“A veces, como el herbicida se aplicó hace seis meses, asumimos que ya no está, pero si el cultivo siguiente es sensible, reaparece a niveles que un análisis de suelo tradicional ni siquiera detecta”, advirtió. Esta problemática, atribuida a la falta de una planificación fina y específica por lote, puede traducirse en pérdidas de entre 300 y 700 kilos por hectárea en el rendimiento final.
Destrucción de semillas y el escenario para la chicharrita
En la segunda parte de su intervención, Lanfranconi abordó el manejo del maíz voluntario (o guacho), reservorio clave para la supervivencia de la chicharrita. El especialista presentó los resultados de ensayos iniciados en 2022 en la provincia de Córdoba utilizando un destructor de semillas acoplado a la cosechadora.
Esta tecnología permite moler el material que sale por la cola de la máquina, destruyendo tanto semillas de malezas como yuyo colorado hasta maíces voluntarios, reduciendo de manera drástica la germinación posterior. Se trata de una solución relevante ante tecnologías como las sojas o maíces Enlist, donde la presencia de guachos limita severamente las opciones de control químico, dejando únicamente herramientas como el cletodim.
Consultado sobre las perspectivas para la próxima campaña frente a la chicharrita, el técnico señaló que existe preocupación en el sector y que en el norte de Córdoba ya se han dividido las fechas de siembra adelantando lotes. Sin embargo, consideró que, a diferencia del primer año de impacto, los productores y técnicos cuentan con el aprendizaje acumulado, un monitoreo constante y herramientas de trampa en campo que permitirán afrontar el problema de manera más ordenada.