El CEO de Select Debernardi, Santiago Debernardi, advierte que la tendencia asoma con fuerza en el país, pero remarca que Argentina no debe replicar el modelo genético de Estados Unidos debido a las diferencias en el biotipo de novillo local.
El uso de semen de carne en rodeos tamberos, una estrategia conocida internacionalmente como “Beef on Dairy” (carne en leche), se consolidó como una revolución productiva en Estados Unidos y Europa. De acuerdo con el análisis de Santiago Debernardi, CEO de Select Debernardi, esta tendencia global responde a una coyuntura caracterizada por el stock de vacas de carne más bajo de la historia mundial, una demanda en constante crecimiento y la confluencia de herramientas biotecnológicas clave.
El éxito del sistema radica en la alteración de la dinámica tradicional del tambo mediante dos pilares tecnológicos: el semen sexado —que permite elegir el sexo de las crías— y la genómica. Esta última viabiliza evaluar el potencial genético de una ternera recién nacida con una simple muestra de pelo o cartílago. Al identificar con precisión las madres de mayor rentabilidad futura, el productor destina a ellas el semen sexado para asegurar su reposición exacta, liberando al resto del rodeo lechero para cruzamientos con razas de carne.
En mercados de alta eficiencia como el estadounidense, este planteo revalorizó de forma inédita los descartes del tambo: un ternero cruza recién nacido y calostrado llega a cotizar en 1.600 dólares la pieza.
En la Argentina, la tendencia comienza a ganar terreno impulsada por las complejas condiciones comerciales que enfrenta la venta de vaquillonas Holando. Frente a un mercado interno duro, que suele exigir plazos de pago de hasta 12 cuotas al valor del litro de leche, el “Beef on Dairy” surge como una alternativa para subirse al buen momento de la carne vacuna y diversificar ingresos en un contexto lechero complejo.
Además, este esquema permite optimizar la eficiencia operativa del establecimiento, ya que, al comercializar rápidamente los terneros machos cruzados, el productor puede concentrar la infraestructura, los recursos y el foco sanitario exclusivamente en la recría de las terneras de reposición seleccionadas.
Debernardi enfatizó que el sistema no consiste únicamente en comprar semen de carne e inseminar de manera aleatoria. Para que el Beef on Dairy funcione y adquiera previsibilidad, el establecimiento debe cumplir con requisitos técnicos estrictos:
Por un lado, la eficiencia en la guachera: El sistema demanda de forma obligatoria que el tambo registre excedentes de vaquillonas. Si un campo posee fallas reproductivas o problemas sanitarios graves donde muere un alto porcentaje de terneras, no califica para la tecnología porque se quedaría sin animales de reposición.
Por el otro lado, el uso de la genómica: No es viable aplicar cruzamientos cárnicos sin genotipar el rodeo previamente. Es fundamental determinar con certeza cuáles son las vacas superiores y cuáles las inferiores dentro de la campana de Gauss del rodeo.
A pesar del potencial de la herramienta, el especialista advirtió sobre un error grave de concepto en el que buscan incurrir algunos actores del mercado local: intentar replicar la genética carnicera utilizada en el hemisferio norte.
En los Estados Unidos, el sistema genera animales que se faenan con pesos de entre 750 y 800 kilos, un biotipo donde la cruza con Holando responde con alta eficiencia y supera comercialmente al Angus puro, el cual tiende a pasarse de grasa a esos kilajes. “Pensar que el tipo de genética de carne para usar en tambos acá es la misma que se promueve en Estados Unidos es un error grave, porque si producís un novillo de 750 kilos en Argentina no tenés mercado”, sentenció Debernardi.
Mientras que en Norteamérica el mercado se volcó un 70% hacia el Angus negro desplazando al Limousín, en el plano local la discusión técnica entre centros genéticos y productores recién comienza.
El manejo agronómico de estos animales híbridos difiere drásticamente del biotipo carnicero tradicional. El Holando posee una destacada aptitud para depositar grasa intramuscular (marmoleado), pero carece de una buena grasa de cobertura externa. Por este motivo, el diseño de las dietas en los feedlots debe adaptarse: requieren esquemas menos proteicos, más energéticos y más agresivos en megacalorías para lograr que el animal detenga su crecimiento óseo, comience a engrasarse externamente y adquiera formas redondeadas.
Por último, Debernardi se mostró escéptico respecto a los planteos de recría pastoril para este tipo de cruzamientos livianos, advirtiendo que los toros de origen americano con un potencial de 1.200 kilos sobre vacas lecheras de 800 kilos no expresan su curva de crecimiento de forma eficiente sobre recursos forrajeros rústicos o de baja calidad. La clave del éxito local residirá en analizar qué negocio demanda la industria frigorífica local, qué recursos alimenticios tiene disponibles cada establecimiento y, a partir de allí, seleccionar la genética adecuada para potenciar el sistema.