Un informe de Coninagro advierte fuertes subas en fertilizantes y combustibles, lo que deteriora las relaciones insumo-producto y reduce el poder de compra de cultivos clave como trigo, maíz y soja en la previa de la campaña fina.
Un nuevo escenario de tensión internacional vuelve a impactar de lleno en la economía real. El reciente conflicto en Medio Oriente ya comenzó a reflejarse en los mercados globales y sus efectos se trasladaron rápidamente al sector agropecuario argentino, con subas significativas en insumos estratégicos como fertilizantes y combustibles, que deterioran las relaciones insumo-producto en plena antesala de la campaña fina.
De acuerdo a un informe mensual elaborado por Coninagro, el poder de compra de los principales productos del agro —soja, maíz, trigo, ternero, novillito, leche y yerba— mostró un claro deterioro en las últimas semanas. Este indicador, que mide la capacidad de estos productos para adquirir insumos, costos e inversiones, es clave para evaluar la competitividad del sector.
El estudio, basado en un análisis integral de más de 20 variables —entre ellas herbicidas, fletes y maquinaria—, permite seguir la evolución de los precios relativos en el agro. En este contexto, la entidad advierte que el aumento del petróleo y el gas, derivado del conflicto geopolítico, fue determinante para explicar la suba de los fertilizantes, dado que el gas representa cerca del 80% del costo de producción de la urea.
En ese sentido, uno de los datos más relevantes del informe es el fuerte salto en el precio de la urea. Mientras que en febrero la tonelada se ubicaba en torno a los 564 dólares, en marzo escaló hasta los 848 dólares, lo que implica una suba cercana al 50% en apenas un mes.
A la par, el mercado de combustibles también reflejó esta dinámica. El barril de petróleo volvió a superar los 100 dólares y el gasoil registró un incremento del 10% durante marzo, alcanzando un valor promedio cercano a los $2.100 por litro. Este encarecimiento impacta de manera directa tanto en las labores agrícolas como en los costos logísticos.
Como consecuencia, las relaciones insumo-producto se vieron fuertemente afectadas. Según detalla Coninagro, actualmente se necesitan 4,5 kilos de trigo para adquirir 1 kilo de urea, lo que representa un 48% más que el mes anterior y un 84% más en la comparación interanual. En el caso del gasoil, se requieren 8 kilos de trigo para comprar un litro, un 27% más que hace un año.
El maíz presenta un deterioro aún más marcado frente a la urea: se necesitan 4,7 kilos para adquirir 1 kilo del fertilizante, un 53% más que el mes previo y un 73% más que un año atrás. Frente al gasoil, en tanto, la pérdida de poder adquisitivo es más moderada en el corto plazo, aunque aún se ubica por debajo de los niveles históricos.
Por su parte, la soja tampoco escapa a esta tendencia. Con el MAP alcanzando los 930 dólares por tonelada —unos 40 dólares más que en febrero—, en marzo se necesitaron casi 3 kilos de soja para comprar 1 kilo de este fertilizante. Esto implica un deterioro del 6% en relación al mes anterior, al que se suma un incremento del 11% en la cantidad de soja necesaria para afrontar el costo del gasoil.
Con la campaña fina a punto de comenzar, estos movimientos generan preocupación en el sector, ya que reducen los márgenes productivos y condicionan las decisiones de siembra. El informe de Coninagro vuelve a poner en evidencia la alta sensibilidad del agro argentino frente a los vaivenes internacionales y la importancia de monitorear de cerca la evolución de los costos.