Un informe del Ing. Agr. Juan Lus muestra que, con el mismo ternero destetado, hoy puede comprarse hasta un 41% más de semillas que en la campaña anterior.
La campaña de semillas forrajeras 2026 se presenta como una de las más atractivas de los últimos años para la producción ganadera. Más allá de la recuperación de los precios de la carne, el actual escenario combina una mejora significativa en la relación carne/insumos y una mayor disponibilidad de semillas, configurando una oportunidad concreta para invertir en pasturas, especialmente aquellas de mayor valor genético.
Así lo plantea un informe elaborado por el ingeniero agrónomo Juan Lus, quien analiza el nuevo contexto productivo y económico que enfrenta la ganadería argentina de cara a 2026. Según el trabajo, las adversidades climáticas de campañas anteriores no solo afectaron la productividad ganadera, sino que también redujeron fuertemente la oferta de semillas forrajeras, generando escasez y fuertes incrementos de precios. Esa combinación dio lugar, en su momento, a relaciones de precios claramente desfavorables para el productor.
Hoy, ese escenario se ha revertido. Con una nueva pre-campaña caracterizada por disponibilidades mucho menos restringidas y valores más estabilizados —con excepciones puntuales—, y con precios de la carne mostrando mejoras notables, la ecuación económica vuelve a inclinarse a favor de la inversión forrajera. “La relación costo de la semilla/precio de la carne ha mejorado en general, pero especialmente en los segmentos genéticos de mayor valor”, señala Lus.
El informe toma como referencia el precio en dólares del novillo arrendamiento del Mercado de Cañuelas y el valor de un ternero destetado de 180 kilos para comparar el poder de compra de semillas entre diciembre de 2024 y diciembre de 2025. A partir de listas de precios de pre-campaña de distintos semilleros de primera línea del mercado argentino, el análisis muestra un dato contundente: con el mismo ternero, en 2025 puede comprarse, en promedio, un 41% más de semillas forrajeras que un año atrás.
En el caso de la alfalfa sin latencia, los precios se mantuvieron relativamente estables, aunque los materiales de menor valor genético registraron subas más marcadas. Aun así, el poder de compra del ternero mejoró un 22% interanual, con una ventaja clara para los segmentos premium, donde la mejora alcanza el 26%, frente al 19% en materiales commoditie. Para las alfalfas de latencia intermedia, si bien los costos subieron —especialmente en los materiales de menor calidad—, el mayor valor de la carne permitió incrementar en un 15% el poder de compra en los segmentos genéticos superiores.
Las festucas muestran uno de los escenarios más favorables. En promedio, el mismo ternero destetado permite adquirir un 41% más de semilla que en 2024, pero en el caso de los materiales premium la diferencia trepa al 65%, reforzando la conveniencia de apostar por genética de alto valor.
Algo similar ocurre con el raigrás anual y los cereales de invierno para verdeos. Gracias a una normalización del abastecimiento y excelentes cosechas en 2025, los precios de la semilla retrocedieron con fuerza, lo que, combinado con el mayor poder adquisitivo de la carne, permite duplicar la cantidad de semilla comprable respecto del año anterior.
Incluso en especies clave para ambientes complejos, como el agropiro, el contexto resulta especialmente favorable. De acuerdo con el informe, con el mismo ternero destetado podrían comprarse en promedio un 71% más de semillas que en la campaña pasada. Y aunque los materiales premium siguen siendo más caros, el poder de compra mejoró un 50%, convirtiendo a esta campaña en una oportunidad para sumar genética en sistemas de cría y zonas marginales.
En las conclusiones, Lus es claro: más allá de las variaciones puntuales de precios entre especies, el factor decisivo es la recuperación del poder adquisitivo de la carne. Ese cambio de contexto habilita un ámbito de decisión que favorece una inversión fuerte en pasturas, particularmente en genética de calidad, donde las relaciones de precios resultan aún más convenientes. En un escenario que, además, encuentra a muchas pasturas degradadas tras años de sequía, la campaña 2026 aparece como una oportunidad estratégica para recomponer la base forrajera y mejorar la eficiencia productiva de la ganadería.