En un contexto de sobreoferta, precios estancados y fuerte dependencia del mercado interno, un informe del Clúster de la Alfalfa de Córdoba plantea una estrategia para transformar estructuralmente el negocio, con foco en industrialización, calidad y una red colaborativa con proyección exportadora.
Argentina tiene condiciones naturales y tecnológicas para ocupar un lugar relevante en el negocio mundial de la alfalfa, pero aún no logra capitalizar plenamente ese potencial. Así lo señala el informe “2026–2027: Una nueva etapa para la alfalfa argentina”, elaborado por el Clúster de la Alfalfa de Córdoba, que advierte que “las oportunidades no se concretan solas: se construyen con planificación, cooperación y una visión compartida”.
El documento destaca que el país cuenta con “buenos suelos y un clima que permiten una larga ventana de producción”, además de conocimiento técnico, tecnología de henificación de nivel internacional y la ventaja de producir a contraestación de los principales exportadores. A eso se suma “una red creciente de productores y otros actores alfalferos comprometidos trabajando en un circuito virtuoso colaborativo y de sinergias”.
Según el informe, este enfoque no es teórico. Desde hace tres años y medio, el Clúster viene desarrollando un trabajo sostenido de articulación entre productores, industrias, proveedores, asesores e instituciones. Esa tarea empieza a mostrar resultados concretos: “Una mirada estratégica compartida, un norte claro y una agenda de acciones que permite avanzar con pasos firmes hacia un crecimiento real y sostenible del negocio de la alfalfa”.
Desafíos
El contexto actual, sin embargo, plantea fuertes desafíos. El Clúster reconoce una combinación de sobreoferta, precios planchados y costos crecientes, en un mercado que “se mueve más por lo que pasa con el clima que por una planificación ordenada del negocio”. El informe es claro al señalar que la alfalfa “solo es rentable para quienes la producen con manejo profesional, eficiencia, tecnología y estándares claros de calidad”.
Uno de los puntos críticos identificados es la dependencia casi exclusiva del mercado interno. El documento describe un ciclo recurrente: “Años húmedos → exceso de oferta → precios bajos; años secos → poca oferta → precios altos”, y advierte que mientras esa lógica no se modifique, el negocio no puede crecer de manera estable.
El informe también subraya que el fortalecimiento del sector alfalfero tiene impactos positivos más allá del propio cultivo. Para la ganadería, un mercado más profesional “asegura productores tecnificados, volúmenes consistentes y comercialización por calidad”, lo que permite acceder a heno estable y de alto valor nutricional. Para la agricultura, el crecimiento del negocio impulsa rotaciones más sólidas, mayor estabilidad ecológica, menos uso de fitosanitarios y mejores resultados en cultivos como maíz y soja.
Transformar el negocio
De cara al período 2026–2027, el Clúster plantea una visión clara: “acelerar la transformación estructural del negocio alfalfero argentino, consolidando un sistema competitivo, sostenible y con proyección exportadora”. El principal cuello de botella identificado es la falta de capacidad de secado industrial y otras formas de industrialización. En muchas zonas productoras, las lluvias coinciden con los momentos de mayor crecimiento del cultivo, generando “pérdidas de hasta dos cortes por año y altos volúmenes fuera de estándar”.
Por eso, la apuesta central del Clúster es impulsar una red distribuida de plantas de secado industrial en Córdoba y otras provincias. El informe detalla que se vienen analizando y promoviendo tecnologías como tromeles tradicionales, sistemas de aire forzado y fosas de aire seco, y señala que “ya hay proyectos en marcha que veremos concretos en muy corto plazo”.
La estrategia se completa con tres ejes de trabajo: formación, innovación y generación de nuevas oportunidades de negocio. En ese marco, el Clúster prioriza tecnologías clave para mejorar calidad y eficiencia, y remarca el rol estratégico de la genética y la fertilización como determinantes del rendimiento y la sustentabilidad.
En términos de competitividad, el documento advierte que, en un escenario donde el flete puede representar hasta el 60% del valor de la tonelada, el recompactado ayuda pero no alcanza. “Sin heno estable por debajo del 14% de humedad, las recompactadoras seguirán subutilizadas”, señala el informe, reforzando la centralidad del secado industrial como punto de partida para el desarrollo del sector.
Para el Clúster de la Alfalfa de Córdoba, los próximos dos años serán decisivos. Resolver el secado permitirá avanzar hacia una segunda etapa de mejoras logísticas, mayor productividad y sustentabilidad integral. Con una convicción que atraviesa todo el informe, el mensaje final es claro: “El futuro del negocio alfalfero se construye trabajando juntos, con el objetivo de potenciar al sector alfalfero de Córdoba y de la Argentina mediante una red líder de colaboración, innovación y sinergias”.